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11 de Octubre de 2017

Autor: Antonio Sánchez Portero

Un Largo Silencio

Mi hijo Óscar Luis y su esposa Alicia me trajeron unas cajas de libros, porque ya no sabían dónde ponerlos. No es que yo tenga muchos huecos, pero sí algunos; y habilité una estantería encima se una cómoda en un dormitorio, porque mi estudio y otras habitaciones, y hasta escaleras y pasillos, los tengo a rebosar. Entre libros de filosofía, de poesía, de viajes y de manualidades, había muchas novelas, algunas ganadoras de premios importantes. Entre ellas, una me atrajo especialmente: “Un largo silencio”, de ángeles Caso, ganadora del Premio “Fernando Lara” en el 2000.

Encontrarme con este libro fue una casualidad y una suerte, porque desde hace tiempo tenía en mente rememorar en una Vivencia mi paso por el programa “La Tarde”, de TV1, dirigido por Ángeles Caso, entonces una joven periodista. Vivencia que pensaba titular con el de este programa, pero, por lo que más adelante se verá, le viene como anillo al dedo el título del libro de Ángeles.

Fui a la tele con motivo de la reciente publicación de “La Dolores: un misterio descifrado”, que se publicó en 1897, y estuvo en el candelero de la actualidad durante muchos meses, suscitando comentarios, críticas, entrevistas, artículos y reportajes, escritos y hablados, en medios nacionales y en algunos extranjeros. Digo en todos, y en revistas como “Interviú”. El intenso ajetreo lo llevé como pude, pero terminé cogiendo un estrés de caballo. Pero feliz.

Con mi esposa Manola y mi hija Sara llegamos a los estudios de TV1 a media mañana. Después de presentarme, me encaminaron a Secretaría, donde me atendió un bilbilitano a quien no conocía, para reintegrarme gastos y proporcionarme vales para la comida. Tuvimos ocasión de conversar, o solamente ver y compartir espacio con muchos “famosos”, y mientras estábamos en el bar, antes de la comida –sencilla, pero excelente−, vimos pasar a Tico Medina, el “Hombre del tiempo”. Para mi hija Sara fue un acontecimiento.

El programa, con una intervención  de más de media hora, quedó muy bien. Al finalizar dispuse de un coche de la casa para que me llevara donde quisiera, que fue a casa de unos amigos que vivían en Conde de Peñalver. De parte tarde acudimos a la Casa de Aragón y, desde allí a la estación de Atocha y a casa, durante todo el tiempo caminando entre nubes. ¡Ahí es nada, aparecer en la única tele que existía entonces, y en un programa puntero!

Al recordar este suceso y los episodios ocurridos meses antes, se remueve mi conciencia y me dice que ha llegado el momento de romper “un largo silencio” .

Con infinitos esfuerzos físicos, emotivos, económicos y hasta familiares, terminé “La Dolores: un misterio descifrado”. Presenté el libro al Centro de Estudios Bilbilitanos, del que era consejero. El director del CEB se dirigió a la Institución “Fernando el Católico en estos términos: “Creemos muy interesante el trabajo y lo recomendamos para su publicación dados el gran mérito e interés del mismo.” El 16 de enero de 1986 contestó la Institución: “Nos es grato poner en su conocimiento cómo nos ha sido entregado el original de don Antonio Sánchez Portero ‘La Dolores: un misterio descifrado’ para su edición por esta fundación, pero a su vista lo consideramos tan entrañablemente bilbilitano que se lo expedimos por correo aparte para que lo estudie y publique en la forma y manera que lo considere posible.”

Fue el primer libro  de los que había publicado el CEB sometido a examen. Lo superó. Se solicitaron los tres presupuestos preceptivos a editoriales. Se reunió la Comisión Permanente, para dar el paso definitivo para su publicación. De entrada, había un consejero que no deseaba su publicación. Uno de los presupuestos era el más favorable, con mucha diferencia; pero sobrepasaba en poco la cantidad asignada en el presupuesto para mi libro. Al objeto de subsanar este desfase, propuse tres soluciones: El sobrante de la cantidad presupuestada  para la publicación de tres libros de poesía, pasarlo al de “La Dolores”. Cubrir la diferencia con el importe de las primeras ventas, puesto que la factura no habría que pagarla hasta pasados tres meses. Y, por último, me comprometí a cubrir de mi bolsillo la diferencia.

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Todos menos ese consejero estuvieron de acuerdo en adoptar cualquiera de estas tres soluciones. A pesar de la tenaz disconformidad del disidente, primó la opinión de la mayoría, y obtuve el consentimiento para entregar el original. Pensé hacerlo cuanto antes, y cuando ya había descolgado el teléfono y marcado el número de la editorial, reparé en que un viernes por la tarde no era el momento más adecuado, con el fin de semana por delante. Colgué. Llamaría el lunes, a primera hora de la tarde. Mas no hubo lugar a la llamada. ¡Qué casualidad!, con fecha 15 de abril se había recibido un oficio de la Institución reclamando el libro “… a fin de poder estudiar las diversas posibilidades de su edición.” para estudiar ellos su publicación. ¿Estudiar?, si había pasado el examen y había aprobado. ¡Tonto de mí! Hasta me alegré y todo pensando que iba a editarlo la Institución, lo que supondría que tendría mayor transcendencia.

la doloresEra una trampa. Alguien estaba moviendo sutilmente los hilos, y yo en el limbo. El 11 de junio de 1896 llegó el informe: “…completado el expediente del libro ‘La Dolores: un misterio descifrado’, me veo en la obligación penosa de notificar a usted que dicha obra no puede publicarse por la Fundación ni tampoco por el CEB, en su condición de filial de nuestra entidad” Y, a continuación: “El informe final concluye con el siguiente párrafo: Entiendo, en fin, que este texto, aunque fuera objeto de una refundición que lo abreviara, no reúne las características de solidez científica que son norma de la Fundación y, por tanto, desaconsejo su publicación.” ¡Toma ya! Sin comentarios. Por fortuna ahí está el libro para que pueda ser cotejado con este ‘imparcial’ informe.

Me vi en una tesitura vital. Como aragonés, me dije “semos o no semos” Opté, aunque no disponía de dinero, por seguir adelante. Me faltó tiempo para encargar la edición, después de la respuesta de la Editorial: “─¡Hombre, cómo no!, podrás pagarnos con las letras que te giraremos a 30, 60 y 90 días.”

Ahora creo que es el momento oportuno para transcribir un párrafo del magnífico libro de reciente publicación “La transición democrática en Calatayud”, con fotografías de Carlos Moncín Duce; y textos de José Ángel Urzay Barrios. En la página 203 puede leerse: “En enero de 1984 Antonio Sánchez Portero daba una conferencia ‘La Dolores: un misterio descifrado’ y desde entonces, ya nada será como antes en el espinoso tema de la Dolores. De ser objeto de constantes mofas, su figura pasó a ser aceptada por los bilbilitanos y a convertirse en un reclamo turístico más. Unos años más tarde, en 1990, el Ayuntamiento iniciaba las gestiones para comprar la Posada de San Antón que, una vez rehabilitada, se convirtió posteriormente en el Mesón de la Dolores.”

Añado: A este libro se unieron centenares de artículos, conferencias; entrevistas en todos los medios; reportajes, exposiciones, ensayos, artículos, otros dos libros y “Dolores, la de Calatayud”, una obra dramática estrenada con llenos y éxito: el fruto durante cerca de treinta años de intenso trabajo. Pero sin el primero, si me hubiese arrugado, sin ese primer paso, sin la madre del cordero, seguramente ahora, estaríamos sufriendo las ofensas con las que nos obsequiaban todo titirimundi a cuenta de la Dolores.

Pero contra viento y marea, enfrascado en una absurda lucha sin cuartel –me iba en ello ser alguien, o no ser nada−, ese libro, sin disponer de recursos económicos, se publicó. Y continué luchando para que su publicación no fuese en vano. Y disculparme si digo que he ganado. Ha ganado Calatayud, a quien me debo en cuerpo y alma.

Falta por exponer un pequeño detalle. Había que presentar el libro. A pesar de no ser publicado por el CEB, pensé que el Centro era el más indicado para hacerlo. Hubo que convocar una reunión para dilucidad este asunto. Acudimos a la reunión cinco consejeros: Los señores X, N, R, P y A, un servidor. El consejero R dijo rápidamente NO. F, se extendió en explicaciones intentando justificar lo injustificable. “─Al grano –le urgí.” Fue No. El consejero N no tenía ninguna duda, SÍ. El cuarto, X, comenzó con una larga perorata, manteniéndome en vilo, porque de él dependía el resultado de la votación. Se alargó mucho, para concluir: “─Pero, con lo que viene haciendo Antonio por el Centro, ¿cómo no vamos a presentar su libro?” Faltaba yo. Mi SÍ decidía la votación: 3 a 2 a favor. Pero los del No, no se dieron por vencidos y no se resolvió el asunto. Tras una larga y áspera discusión, a pesar de anunciar los del Sí, que si no se presentaba el libro dimitiríamos irrevocablemente, se acordó consultar a la Institución.

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En la calle, me dirigí a F en estos términos: “Somos íntimos amigos; pero a partir de ahora, pase lo que pase, se acaba de romper nuestra amistad. Estaremos juntos, hablaremos; pero ya no será lo mismo.” Cuando intentaba F justificarse y palmearme, lo dejé con la palabra en la boca. A los tres días, la Institución dio la venia. Y el libro se presentó, con ausencias y sin pena ni gloria. Lo que me vino muy bien. Tuve que espabilarme para sacar las castañas del fuego, utilicé todos mis recursos, revolví Roma con Santiago, con la satisfacción de obtener los mejores resultados posibles, ocupando durante mucho tiempo los foros nacionales e internacionales.

Sobre cualquier otra consideración, deseo que conste mi profundo reconocimiento a la insustituible labor cultural que desarrollan la Institución “Fernando el Católico” y el Centro de Estudios Bilbilitanos. No puede afectar a sus magníficas trayectorias el que en determinado momento alguna acción concreta de alguno de sus miembros no sea todo lo correcta que fuera deseable. También mi agradecimiento a ambas entidades por los libros que me han publicado: “Cuentos nostálgicos desde Calatayud” (2003); “Segunda noticia y antología de poetas bilbilitanos” (2005); y, especialmente “Cervantes y Liñán de Riaza. El autor del otro Quijote atribuido a Avellaneda” (2011), publicado  en tiempos difíciles gracias a mi valedor, el presidente del CEB Manuel Micheto. Este libro ha dado, pero va a dar mucho más que hablar en un tema universal.

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Ahora, transcurridos ya más de treinta años, mirándolo fríamente, no comprendo aquel obsesivo interés en impedir la publicación de un libro que ha resultado transcendental para Calatayud. Se quiso impedir su publicación atentando contra la cultura, la razón, la amistad, y que se yo cuantas cosas más. Con su pan se lo coman los interfectos. No voy a desvelar sus nombres, eso estaría muy feo. No les guardo ningún rencor. ¡Qué digo rencor! Agradecido estoy porque con su incomprensible actitud me “obligaron” a superarme hasta alcanzar el objetivo final. Es más, en agradecimiento, no me duelen prendas en acercarme y transitar por las plazas o calles que tienen dedicadas en Calatayud, una ciudad que también es mía.