8 de Abril de 2018

Autor: Elisabeth Martínez V.

La otra historia de la bicicleta

La bicicleta fue un gran invento del siglo XIX que permitió una alternativa al transporte, una nueva actividad lúdica de la que nacieron tours y nuevos deportes. Pero para la mujer fue mucho más. Fue una revolución.

El vehículo de transporte personal de propulsión humana que dio independencia a la mujer en el siglo XIX.

«Para los hombres, la bicicleta fue un juguete nuevo, otra máquina para añadir en la larga lista de cacharros que tenían para trabajar o para jugar. Para las mujeres, fue un corcel con el que cabalgaban hacia un mundo nuevo».

Así hablaba sobre la bicicleta la revista norteamericana Munsey’s en 1896.

La bicicleta contribuyó de manera importante a romper varios cánones de aquella época. Tanto fue así que se convirtió en un símbolo de libertada para distintos movimientos que buscaban la igualdad para mujeres y hombres.

feminismo mujer

En un principio, las mujeres que iban en bicicleta estaban mal vistas. Para ellas, montar en bici suponía un desafío hacia la sociedad machista, ya que los hombres lo consideraban “poco decoroso, peligroso para la unidad familiar” y hasta argumentaban que podía causarles daños físicos.

De hecho, existieron argumentos médicos que avisaban que su uso podía provocar en la mujer daño como esterilidad o aborto, y morales, como excitación sexual.

feminismo bicicleta

En España la bicicleta tuvo mucho éxito en la clase alta, las mujeres solían pasear en bicicleta por parques y avenidas, pero siempre acompañadas por su marido, hermano o padre. Las mujeres que se atrevían a ir solas solían ser artistas o mujeres vinculadas con el mundo del espectáculo. Eran mujeres más independientes, aunque no respetadas.

El sexo femenino en aquella época estaba prácticamente excluido del deporte, solo unas pocas pioneras se atrevieron a practicar el ciclismo, desoyendo las críticas, tanto sociales como culturales, que les miraban con desaprobación.

La libertad sobre dos ruedas

Para entenderlo debemos ser conscientes de cómo era la vida de las mujeres (sobre todo de clase media y alta) en aquella época. Su mundo, donde “la mujer del César no sólo debía ser honesta, sino parecerlo”, era limitado. Siempre supervisadas por un paternalismo asfixiante que las confinaba entre las paredes de su casa, de los salones de té y las fiestas sociales.

Quizá el signo más claro de este cambio fue el uso de pantalones, un símbolo del poder masculino. Efectivamente, las bicicletas impulsaron lo que se conoció como “vestido racional”, algo que no solo era casi tres kilos más ligero que los vestidos tradicionales, sino que llevaba incorporados pantalones bombachos para poder pedalear de forma… más racional.

feminismo bicicleta

Para adaptarse a la bicicleta, las mujeres también subieron sus faldas, dejando al descubierto sus tobillos y parte de sus piernas. Eso fue un escándalo para los moralistas.

El debate social fue controvertido y surgieron voces que empezaron a preguntar en público si ‘hacer excursiones en bicicleta’ era un comportamiento propio de una dama o si su “falta de habilidades naturales” no hacían que el uso femenino de la bici fuera un peligro.

Es por eso que la otra historia de la bicicleta merece tenerse en cuenta, la historia de como las mujeres empezaron a llamar al vehículo de dos ruedas: “la máquina de la libertad”. Porque como bien dijo la sufragista Susan B. Anthony:

“La bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo” (1.890).

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